Cada estudiante que abandona el sistema educativo antes de culminar el colegio reduce su probabilidad de acceder a empleos formales y a recibir mejores ingresos.
A puertas de iniciar un nuevo año escolar, uno de los problemas que enfrenta nuestra región es la deserción escolar –es decir, el abandono de los estudios antes de culminar un nivel educativo–, pues evidencia que cada vez más estudiantes interrumpen su formación antes de terminar el colegio.
Al respecto, la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) ha identificado que el 3.4% de los estudiantes liberteños de secundaria dejó de matricularse en 2024. Esto equivale a más de 6 mil adolescentes que sí estuvieron inscritos en 2023, pero que en 2024 no se registraron en ningún colegio del país. No se trata de un traslado a otra institución, sino de una salida del sistema educativo. Además, esta situación rara vez es temporal: entre quienes dejaron el colegio en secundaria entre 2013 y 2023, la gran mayoría (91%) no volvió a matricularse, según cifras del Ministerio de Educación (Minedu).
“La deserción escolar genera una pérdida directa de capital humano para La Libertad. Cada estudiante que abandona el sistema educativo antes de culminar el colegio reduce su probabilidad de acceder a empleos formales, de mayor productividad y mejores ingresos en el futuro. En ese sentido, no es solo un problema educativo, sino también un freno al crecimiento regional”, explicó Franco Saito, economista de REDES.
El momento más crítico se da en el paso de primaria a secundaria. En inicial, el 91% de los niños matriculados asiste a clase y en primaria el 95%, pero en secundaria la asistencia baja al 85%. Esto tiene efectos a largo plazo: entre los adultos de 25 a 34 años, casi todos completaron la primaria (98%), mientras que solo el 74% terminó la secundaria. La mayor deserción ocurre en los primeros años de esta etapa, cuando los adolescentes enfrentan más barreras para continuar sus estudios.
Una de las trabas está en la propia oferta educativa. A diferencia de la primaria, la secundaria tiene menor presencia en La Libertad. Por cada cuatro colegios que brindan educación secundaria, existen cerca de nueve que ofrecen primaria. Incluso, en provincias como Otuzco, los colegios que brindan educación secundaria son tan solo la cuarta parte de los que brindan primaria. Esto obliga a muchos estudiantes, sobre todo en zonas rurales, a recorrer distancias más largas o incluso salir de sus comunidades.
“En secundaria, la permanencia escolar deja de depender solo del interés del estudiante y pasa a depender de las condiciones económicas del hogar. Una mayor distancia implica más gastos en transporte y alimentación, además del tiempo de traslado. Eso se traduce en un dilema entre que el adolescente continúe estudiando o empiece a generar ingresos. Ahí aparece el principal punto de fuga del sistema educativo”, añadió.
En La Libertad, el 17.2% de niños y adolescentes entre 5 y 17 años realiza algún tipo de trabajo, lo que equivale a más de 87 mil menores de edad. Esta situación tiende a intensificarse en la adolescencia, etapa en la que aumenta el riesgo de abandono escolar. Para Saito, la necesidad de generar ingresos empuja a muchos jóvenes a priorizar el empleo –muchas veces, informal– antes que culminar sus estudios.
Las consecuencias se reflejan en el promedio de escolaridad. Entre los liberteños de 25 a 34 años, este alcanza los 11 años, por debajo de los 14 que supone completar la educación básica. El rezago educativo también se acumula en el largo plazo. El analfabetismo alcanza al 5% de la población de 15 años a más, cifra por encima del promedio nacional (4.7%).
Saito resalta que estas cifras muestran que la deserción escolar es un proceso que reproduce desigualdades entre generaciones y debilita el capital humano de la región, es decir, las habilidades, conocimientos y capacidades que permiten a las personas acceder a mejores empleos y mayores ingresos.
“Se puede implementar sistemas de alerta temprana para identificar a estudiantes con inasistencias reiteradas, fortalecer la tutoría, ampliar la jornada escolar en zonas vulnerables e implementar sistemas de transporte escolar rural financiados por el Estado. Asimismo, se puede hacer más pertinente la secundaria añadiendo orientación vocacional y formación técnica vinculada a las actividades productivas locales, además de trabajar con las familias para reforzar la importancia de culminar la educación básica. El desafío es garantizar que los jóvenes culminen su educación y amplíen sus oportunidades”, concluyó.


