El asalto de más de S/50 millones en Cusco revelaría cómo se mueve el oro en esta economía criminal. La Libertad no es ajeno a ello.
El espectacular asalto ocurrido el pasado 24 de febrero en Cusco, donde delincuentes armados se llevaron más de 50 millones de soles (3 millones 100 mil soles en efectivo, 650 mil dólares y 76 kilos de oro), pone en evidencia la dimensión económica que mueve el circuito de la minería informal e ilegal en el Perú. Un negocio que no solo se concentra en el sur del país, sino que también tiene un peso creciente en regiones como La Libertad, especialmente en provincias como Pataz y Sánchez Carrión.
Aunque el caso ocurrió en Cusco, el mismo patrón se observa en La Libertad, una región donde la minería aurífera mueve miles de millones de soles cada año. Según estimaciones de organismos del Estado y estudios de seguridad, la minería ilegal e informal en el Perú podría movilizar entre 3.000 y 5.000 millones de dólares anuales, gran parte de ellos vinculados al oro.
En La Libertad, provincias como Pataz, Bolívar y Sánchez Carrión concentran importantes operaciones de extracción informal. En estos territorios se ha detectado: transporte de oro sin trazabilidad, compra de mineral en efectivo, redes de acopio y comercialización y participación de organizaciones criminales.
La provincia de Pataz, por ejemplo, vive desde hace varios años una crisis de seguridad vinculada al control de socavones, plantas de procesamiento y rutas del oro. Autoridades policiales han advertido que bandas armadas buscan controlar la extracción, el traslado del mineral y las plantas donde se procesa.
Un negocio multimillonario y vulnerable
El asalto ocurrido en Cusco muestra cómo el traslado de grandes cantidades de oro y dinero en efectivo, sin mecanismos claros de trazabilidad o seguridad, expone a empresarios, transportistas y trabajadores a redes criminales organizadas.
Pero también revela algo más profundo: el enorme flujo económico que circula alrededor del oro informal e ilegal. En regiones mineras como La Libertad, ese dinero alimenta economías locales, mercados informales y también estructuras criminales, convirtiendo al oro en uno de los recursos más disputados del país.
Mientras las autoridades intentan reconstruir la ruta del dinero y del metal robado en Cusco, el caso vuelve a abrir una pregunta inevitable: cuánto dinero circula realmente en el circuito del oro informal y quiénes se benefician de ese negocio que, en muchas zonas del Perú, funciona casi en paralelo al sistema económico formal.
Más allá del robo millonario, el caso refleja el funcionamiento de un circuito económico complejo y altamente lucrativo. Un estudio del Ministerio del Interior (2024) sobre la cadena de valor de la minería ilegal describe cómo opera este mercado: extracción en campamentos mineros, donde los trabajadores reciben pequeñas cantidades de oro como pago, venta a tiendas o compradores locales instalados en las zonas mineras, acopio por intermediarios, que compran mayores volúmenes.


