El Estado cumple un papel importante al fortalecer la sostenibilidad del recurso mediante sistemas efectivos de monitoreo y control.
La Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) ha identificado que durante 2025, según el Ministerio de la Producción, en La Libertad se capturaron más de 796 mil toneladas de anchoveta, lo que la convirtió en la tercera región con mayor pesca de esta especie a nivel nacional. Sin embargo, este volumen fue 31% menor al de 2024, en un año marcado por oleajes anómalos que obligaron al cierre de puertos en abril, retrasando el inicio de la temporada y reduciendo la productividad de los primeros días de pesca.
En la región, este pez se destina principalmente al consumo humano indirecto, pues se procesa para producir harina y aceite de pescado, vinculándose con la manufactura, segunda actividad más importante de la región. Cuando disminuye la pesca, también se reduce la actividad en plantas procesadoras, el empleo y el movimiento económico asociado. Este derivado tiene como principal destino a China, donde se usa para elaborar alimentos para la crianza de especies marinas y la producción porcina, y genera alrededor de US$115 millones en exportaciones, según el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo.
Si bien se han impulsado iniciativas para promover el consumo humano directo de anchoveta –a través de conservas–, este mercado aún no logra despegar. Representantes del sector señalan que la demanda sigue siendo reducida, en parte por la baja aceptación del producto entre los consumidores debido a su sabor intenso. En la práctica, esto mantiene al sector enfocado en las exportaciones de harina de pescado.
“Buena parte de la actividad económica vinculada a la pesca depende de la anchoveta y de su aporte a estas exportaciones. Por ello, el Estado cumple un papel importante al fortalecer la sostenibilidad del recurso mediante sistemas efectivos de monitoreo y control. El seguimiento satelital a las embarcaciones y la verificación de descargas permiten supervisar la actividad en tiempo real y tomar decisiones con mayor sustento. Estas medidas reducen la incertidumbre y brindan mayor estabilidad para que las empresas planifiquen sus operaciones y sostengan el empleo regional”, explicó Carlos León, economista de REDES.
Hacia adelante, el riesgo climático sigue presente ante la posible ocurrencia del fenómeno de El Niño durante el año. Cuando la temperatura del mar aumenta, la anchoveta puede migrar y reducir su disponibilidad en la costa liberteña, lo que suele llevar a temporadas más cortas para proteger el recurso. En ese contexto, el especialista señaló que es fundamental que las autoridades comuniquen con anticipación las medidas relacionadas con la pesca, de modo que el sector pueda planificar mejor sus operaciones, evitando pérdidas económicas y ajustando sus actividades de manera más eficiente.
Pesca artesanal: fortalecimiento y competitividad
Mientras la anchoveta concentra la actividad industrial y el procesamiento para exportación en la región, la pesca artesanal sigue una dinámica distinta, enfocándose principalmente en especies destinadas al consumo humano directo, como el bonito, la lisa y el jurel. Estas especies abastecen mercados locales y regionales, y son fundamentales tanto para la seguridad alimentaria como para el dinamismo económico de las comunidades costeras. Aunque ambas actividades forman parte del sector pesquero, la pesca artesanal opera en pequeña escala.
Precisamente, la pesca artesanal tiene menos margen para enfrentar cambios en el mar, ya que fenómenos como oleajes anómalos o variaciones de temperatura reducen los días de faena y afectan los ingresos de los pescadores. Con organización, formalización y apoyo técnico, esta actividad puede continuar generando empleo, manteniendo la tradición pesquera y contribuyendo a la seguridad alimentaria local, a la vez que reduce impactos sobre los ecosistemas marinos
Frente a este escenario, Carlos León, economista de REDES, señaló que avanzar en la formalización y la asociatividad permite reducir la exposición de los pescadores artesanales a estos riesgos. Una mejor organización productiva, el acceso a información oportuna y mecanismos de comercialización más eficientes, complementados con infraestructura adecuada de desembarque y asistencia técnica, fortalecen la competitividad de los pescadores y les permiten planificar mejor sus operaciones, aumentando la resiliencia económica del sector frente a fenómenos climáticos.


