El anuncio de reapertura del polémico local nocturno no solo desafía las sanciones administrativas, sino que pone en jaque la firmeza del discurso del alcalde provincial frente a la fiscalización y el ordenamiento de la ciudad.
La gestión del alcalde Mario Reyna enfrenta una de sus pruebas más ácidas en materia de fiscalización. El conocido establecimiento Tabaco Marino ha comenzado a anunciar su reapertura en redes sociales, un movimiento que suena a desafío directo a la autoridad municipal. Semanas atrás, el burgomaestre se mostró desafiante ante los medios, instando al Poder Judicial a no ceder ante posibles acciones de amparo que permitieran al local evadir la clausura.
El conflicto legal no es menor. El local fue sancionado mediante la Resolución Subgerencial N.° 1152-2025-MPT, emitida el 16 de septiembre, bajo el marco de la Ley 31914 y la Ordenanza 019-2025-MPT. La falta de origen es crítica: la carencia del Certificado de Inspección Técnica de Seguridad en Edificaciones (ITSE), requisito de vida o muerte según el D.S. 002-2019-PCM.
Si Tabaco Marino logra encender sus luces nuevamente, no solo estaría ignorando una resolución técnica, sino que pulverizaría la narrativa de «mano dura» de Reyna. En los pasillos de la municipalidad, la tensión crece: de concretarse la reapertura y el incumplimiento del horario límite de la 1:00 a. m., el «Principio de Autoridad» pasará a ser, para los ciudadanos, una simple promesa de campaña sin respaldo en la realidad.


